“No se cómo comunicarme con mi hij@ pequeño”

“Mi hijo es agresivo”

“No consigo que mi hij@ me obedezca”

“No se cómo poner límites al comportamiento de mi hij@”

“Mi labor como madre es sobreproteger a mi hij@ para que no le pase nada malo”

“Le tengo que decir a mi hij@ lo que tiene que hacer en cada momento, porque el no sabe hacerlo”

¿Te resultan familiares algunas de estas frases? ¿Crees que la personalidad y forma de ser de un niño es cuestión del azar?

Te propongo algo: ¡Ten una primera sesión conmigo para poder ofrecerte otra perspectiva de la situación; y si quieres puedo acompañarte en el proceso de mejorar la relación y comunicación con tu hij@ menor para así vivir en armonía familiar a la vez que le estás facilitando herramientas para una gestión emocional sana para su futura etapa de adult@.

PATERNIDAD CONSCIENTE

Cuando venimos a este mundo somos seres frágiles, no podemos sobrevivir si no es con el amor y cuidado de un adulto que atienda nuestras necesidades básicas. Tampoco sabemos las “reglas del juego” de la vida a la que acabamos de llegar. Somos totalmente dependientes físicamente y emocionalmente.

Cuando nacemos entonces, buscamos referentes a los que “apegarnos” y utilizar de referencia para nuestro día a día; referentes tales como padres o familiares cercanos, tutores etc.

Durante los 7 primeros años de vida somos como ordenadores a los que se les está instalando el sistema operativo. Un sistema operativo que consiste en instrucciones de cómo comportarnos, mensajes sobre nuestra persona etc. Esa serie de mensajes conforman nuestro “yo personaje”. Vamos adaptando nuestro “yo esencia” a lo que se espera de nosotros. Nos ponemos esa máscara con todas las creencias e instrucciones de comportamiento ya que es la manera que tenemos de adaptarnos y sobrevivir de una forma fluida, con amor y sin conflictos.

En este primer septenio de vida, y sobre todo en los primeros años el niño somatiza e imita el estado emocional de la madre, su estrés, su estado anímico; como se relacionan sus padres… y esto a nivel inconsciente.

Por ello es necesario que hagamos, como adultos, un ejercicio de reflexión y autoconocimiento profundo para ver desde donde nos situamos en nuestra interacción con los hijos o alumnos. Quizás estamos repitiendo mandatos de nuestros padres o abuelos; quizás guardamos rencor por algo y lo volcamos en los niños; o quizás tenemos creencias que inculcamos también en los niños (ej: no puedes hacerlo tú solo, eres torpe con los números, no eres lo suficientemente bueno, etc). Los adultos actuamos entre un 95% y un 97% de manera inconsciente, por lo que, sin ese ejercicio continuado de auto-observación no seremos capaces de darnos cuenta del mensaje que estamos transmitiendo.

Vemos adultos incapaces de tomar decisiones, agresivos, deprimidos…; y si dirigimos sus miradas hacia atrás, lo más probable es que sitúen el origen de esas reacciones en la infancia.

Por ello si como adultos tomamos conciencia de la importancia de estar “centrados” para la educación de los pequeños y hacemos nuestro trabajo interior, haremos unos futuros adultos más equilibrados emocionalmente, seguros de sí mismos, con una autoestima sana…les estaremos dando unas herramientas muy valiosas para la vida.

Mi labor, desde La Candela de Mariel, es acompañar a todos los padres, tutores o educadores que lo deseen en ese proceso de autoconocimiento profundo que les llevará a una mejor comunicación y entendimiento con los más pequeños.